Julio Victoria presenta ‘Punto Cero’: “Es un sonido que respira, que tiene la huella de cómo lo interpretamos en el momento”
Reconocido en festivales internacionales por su puesta en escena, en la que ha llegado a combinar instrumentación y elementos orquestales, el DJ colombiano presenta un ambicioso álbum.
El DJ y productor colombiano Julio Victoria lanza su nuevo álbum Punto Cero, que presentó días atrás en el Planetario de Bogotá, mediante una experiencia inmersiva que redefine los alcances del formato de concierto en vivo. Un álbum donde vuelve a los sonidos instrumentales, alejándose del sonido de su anterior producción Memories Flowing, que se destacaba por tener un enfoque más de pista y retomando el estilo con el que comenzó su exploración sonora.
A lo largo de su trayectoria, Victoria ha adaptado su proyecto sonoro tanto a clubes y festivales como a teatros y salas de concierto, como durante su presentación del año pasado en el Teatro Julio Mario Santodomingo. Permitiendo un diálogo poco habitual entre circuitos que rara vez convergen: el de la electrónica y el de la instrumentación análoga. Versatilidad que no “responde a una búsqueda de eclecticismo, sino a una misma lógica compositiva aplicada a distintos espacios de escucha”, de acuerdo a lo que el artista explica en la entrevista.
Una exploración que lo ha preparado para este tercer disco, un ambicioso proyecto que se siente como el fruto de esa experiencia que ha construido en vivo y que acompaña sus sintetizadores con la instrumentalización análoga del bajo y la batería, mientras traduce esa experiencia en un cuerpo musical “coherente, inmersivo y orgánico”.
El compositor y productor se crio entre el Eje Cafetero colombiano y Alemania, lo que lo llevó a entender la música electrónica desde una perspectiva más global. En más de una década de trayectoria se ha presentado en eventos como el II Points Miami, el Kolorádó Fesztivál de Hungría, la edición argentina del festival Lollapalooza, el BAUM Festival o el Estéreo Picnic.
Así como en cuatro, de los cinco continentes, donde se ha cruzado con productores y artistas de la talla de LCD Soundsystem, Flume o Chet Faker.
Otro detalle importante de su música, es que en ella pueden exaltarse instrumentos como el arpa o la marimba, que también se han convertido en parte importante de los shows en vivo de sus últimos años. Elementos con los que más que buscar un sonido autóctono, lo que intenta es que estos instrumentos sean los que nutran su propia exploración que parece nunca detenerse.
Recientemente presentó el lanzamiento de su nuevo álbum: Punto Cero. Dentro del domo del Planetario de Bogotá, donde las proyecciones envolventes construyeron un entorno de 360 grados pensado para estimular los sentidos de los asistentes. Motivo por el que en Billboard Colombia quisimos acercarnos a su proyecto, a fin de comprender mejor la trayectoria del artista y lo que estaría por venir.
Han pasado tres años desde tu último álbum Memories Flowing (2023). ¿En qué se diferencia este nuevo álbum que estás por presentar?
Este álbum tiene un componente mucho más vivo y dinámico. A diferencia de Memories Flowing, aquí las estructuras musicales están tocadas en vivo, en formato banda, batería, bajo, guitarra, que conviven con los secuenciadores. Eso cambió completamente el proceso: grabarlo fue algo más orgánico, más impredecible.
La diferencia principal está en lo que le dimos protagonismo, el pulso, la tensión, el error que aparece cuando tocas en tiempo real. Eso es lo que termina dándole identidad al álbum.
No es un sonido corregido ni perfeccionado hasta el límite. Es un sonido que respira, que tiene la huella de cómo lo interpretamos en el momento. La combinación entre los instrumentos analógicos y los sintetizadores genera algo que no podrías replicar de otra forma, porque parte de lo que lo hace único es precisamente eso, la interpretación.
¿Cuál es su Punto Cero en este momento de su carrera y por qué plasmarlo en este nuevo trabajo?
Mi Punto Cero es el recuerdo al que he regresado en varios momentos [de mi vida] cuando pienso en mi recorrido por la música. Yo empecé jugando tenis y cuando entrenaba en Alemania en Karlsruhe, iba en bicicleta a los entrenamientos y en ese trayecto escuchaba bandas. A ese sonido vivo y humano es al que quiero volver.
Punto Cero es exactamente eso, el lugar donde todo vuelve a empezar, el recuerdo al que ha regresado en varios momentos cuando pienso en mi recorrido por la musica. No fue un quiebre dramático ni una crisis fue más una evolución natural que me llevó a un lugar más honesto.
En los dos últimos años se ha caracterizado por presentarse en un formato de ‘banda en vivo’, por ejemplo con la Filarmónica de Bogotá y con el trabajo que eso implica, ¿Cómo influenció esa elección de estilo en las canciones más recientes?
Trabajar con la Filarmónica y en distintos formatos en vivo me transformó la forma de escuchar antes de producir. Cuando tienes al lado músicos de esa talla, lo primero que aprendes es a pensar en capas, en espacios, en lo que no está sonando tanto como en lo que sí. La música electrónica tiende a llenarlo todo y ese proceso me enseñó el valor del silencio, de dejarle aire a cada elemento para que respire.
Y lo otro que cambió profundamente fue cómo entiendo el ritmo y la estructura. Cuando tu música convive con una orquesta, te das cuenta de que el pulso tiene una dimensión completamente diferente. No es solo un beat. Es algo que se comparte entre todos los que están en el escenario.
Cuando mira atrás y cuando han pasado casi dos décadas haciendo música, ¿Cómo se define el Julio Victoria de hoy al que inició cuando empezó a mezclar o a producir?
En ese momento era instintivo, ansioso y muy enfocado en un solo mundo sonoro. Hacía música desde una pasión, sin mucha conciencia de por qué tomaba cada decisión, solo sabía que algo sonaba bien y lo seguía. Había también una urgencia por demostrar, por encontrar el lugar propio en una escena que se sentía enorme.
Esa urgencia existe todavía, pero con mucha más calma y con una visión mucho más amplia de lo que puede ser el sonido. Lo que más ha cambiado es de dónde llega la inspiración. Antes vivía casi exclusivamente dentro de la música. Hoy me inspiralo visual, el performance, la forma en que una imagen o una puesta en escena puede tener la misma contundencia que un drop [climax en las canciones de electrónica, muy usado en canciones de EDM] o una melodía.
Me inspira lo cinematográfico, la narrativa, cómo una historia se construye en capas con tiempo y tensión. Eso influencia directamente cómo pienso los formatos en vivo. En esencia, el Julio de hoy no es uno diferente, es uno que aprendió a escuchar más allá de los parlantes.
Cuéntenos su experiencia tocando en formato DJ set y su paso al formato en vivo. ¿Son dos estilos distintos de Julio Victoria? ¿Volvería al primero?
Son dos formatos completamente distintos, tanto en la forma de ejecutarlos como en los espacios donde viven. El DJ set tiene una relación diferente con el tiempo y con el público. Hay una conversación más inmediata, más instintiva, dondelees la pista y respondes en tiempo real. El formato en vivo, en cambio, exige otra clase de presencia, hay una partitura implícita, una estructura que sostener… y la energía se construye de otra manera.
Pero, respecto a la pregunta de si volvería al primero, para mí, nunca ha sido un paso de un formato a otro, sino un movimiento constante entre todos. Del DJ set al live, del live al live band, del live band a lo orquestal. Cada formato me ha dado algo distinto y los sigo haciendo todos según lo que el proyecto o el momento pida.
Más allá de las métricas y los algoritmos actuales, ¿cómo siente que se está comportando la industria hoy?
La industria está todo el tiempo mutando, haciendo saltos entre géneros y formas de producir. Y eso es un reto constante para todos, porque aunque tengas una trayectoria sólida, igual terminas teniendo que proponer algo nuevo todo el tiempo. No hay momento de quedarse quieto. Y eso se siente en la escena: hay una energía enorme, comunidad, talento, ganas. Cada vez se nota más la madurez del público y de los espacios, lo que dice mucho del camino recorrido.
Pero justamente porque la industria muta tan rápido y vive tan enfocada en el próximo evento, se genera una brecha difícil: el boom de festivales y shows crece, pero la sostenibilidad real de los artistas que producen y tocan no siempre crece al mismo ritmo. Es una industria que todavía le cuesta pensar en el largo plazo, y ese es quizás el reto más importante que tenemos por resolver.
Cuál es su visión de la industria electrónica colombiana hoy, ¿qué es lo que más le llama la atención o lo que cuestionaría del momento que vive la escena?
La industria electrónica colombiana está viviendo un momento de crecimiento real y sostenido, y eso se siente desde adentro. Si comparamos con otros países de la región, elavance es evidente: los colectivos en diferentes ciudades se han multiplicado, los festivales y eventos crecen con producciones de primer nivel, y cada vez hay más artistas colombianos apareciendo en los lineups de los festivales másimportantes del mundo. Eso es innegable y hay que celebrarlo.
Lo que sí cuestionaría es si ese crecimiento está siendo proporcional para todos. Los grandes festivales llegan con una producción impresionante y tienen la intención de vincular talento local, pero en la práctica el espacio que se le da a los artistas nacionales todavía es limitado.
