Festival SOF: el techno vuelve a las raíces sin quedarse en el pasado
El festival exploró las transformaciones del techno desde su núcleo.
El festival SOF (Shadow On Fire) nos dio todos los juguetes. Más de veinte artistas, cuatro escenarios, un warehouse, sonido Funktion-One y una política de no fotos, no videos y no celulares que construyeron una experiencia concentrada en lo esencial: escuchar y bailar. Si bien la noche tenía un concepto de volver a las raíces, no se sintió como un ejercicio de nostalgia. La curaduría reunió varias formas de entender el techno y las puso a conversar dentro de un mismo edificio.
El sonido fue muy bueno en todos los escenarios. No solo por la potencia, sino por la claridad con la que se podían distinguir los kicks, las percusiones y las texturas incluso en los sets más densos. La arquitectura terminó de darle una personalidad a cada piso: Raíces era una terraza industrial para recibir la tarde; Shadow, un búnker; ON, una catedral; y Fire, un rooftop digno de un after para ver salir el sol.
Raíces era un escenario abierto, con el frío característico de Bogotá entrando por todas partes. La mayoría de las personas vestía de negro, pero no había un estilo dominante ni demasiada pose. Sobre la pista había un puente rojo suspendido que contrastaba con el cemento, el metal, el ladrillo descubierto y la vegetación que parecía salir de la estructura. La imagen remitía al imaginario de Stone Techno: naturaleza creciendo entre ruinas industriales, solo que aquí estaba acompañada por un cielo bogotano completamente cubierto de nubes.
Deadwalkman nos recibió con un techno clásico, directo y elegante. Tenía algo casi de pasarela, no por superficial, sino por la manera firme y continua en que avanzaba. Era un sonido hecho para caminar o bailar con actitud. Kenny Larkin confirmó por qué sigue siendo un maestro del mixer. Su set avanzaba como una cabalgata: stabs, percusiones minimalistas y el uso característico del flanger. Todo fue quirúrgico y siempre al servicio del ritmo.
Mitú nos dio una maravillosa presentación con su lenguaje característico que lleva años construyendo entre sintetizadores, máquinas y tradiciones rítmicas. Kevin Saunderson, considerado uno de los arquitectos del techno de Detroit, nos dio un sonido con toques más eufóricos que pusieron a todo el mundo a bailar entre sonrisas y gritos de emoción. Tener a Saunderson y a Larkin en una misma programación era una forma concreta de hablar de esas raíces sin reducirlas a una sola ciudad o tradición.

Al subir a SHADOW, el edificio revelaba todavía más claramente su función industrial, una cervecería, que de noche con sus texturas metálicas y sus grandes máquinas que transportan a un ambiente brutalista e imponente acentúan los imaginarios del techno. Con un sonido completamente envolvente Reeko nos recibió con un techno fuerte, cautivador y lleno de groove. el set produjo esas cosquillas en el cerebro que aparecen cuando un patrón se repite lo suficiente para atraparte pero cambia justo antes de volverse predecible: un viaje musical construido con paciencia.
MARRØN llevó esa relación con el ritmo a otro nivel. Kicks firmes, pocos elementos y un low end contundente sostenían la mezcla. Sus percusiones no estaban únicamente en las frecuencias más altas: muchas aparecían en los medios y le daban peso, textura y una sensación mucho más corporal. Su propia biografía relaciona este enfoque rítmico con sus raíces surinamesas y con la historia de las comunidades cimarronas de Surinam.
Aunque seguíamos dentro de una fábrica, ON se sentía como una iglesia. El espacio era largo, recto y alto; en la arquitectura basilical, ese espacio central y longitudinal se conoce como nave. Developer dio un set bastante inmersivo. Primaron los kicks fuertes y una serie de sonidos metálicos difíciles de reconocer: golpes, roces y texturas escalofriantes que, para quienes amamos el techno, terminan resultando muy placenteros.
Israel Toledo subió la velocidad con un set más percusivo, sincopado y atravesado por varios sonidos ácidos. Tenía mucho sabor. Los acentos se desplazaban y obligaban al cuerpo a perseguirlos, como si el ritmo estuviera jugando con la pista en lugar de limitarse a golpearla. La propuesta y exploración de Tensal encajó de manera casi natural con este escenario con su set cíclico y moderno, combinando ritmos, intensidades y texturas.
En el último piso aparecía FIRE, un rooftop digno de un after. Desde allí se veían el Parque España, la Plaza España, las casas antiguas y las grandes estructuras industriales del centro. Era una Bogotá menos pulida y mucho más interesante: ladrillo, bodegas, fábricas y construcciones históricas conviviendo en la misma panorámica.

Julia Govor nos presentó un techno minimalista, pero lleno de pequeños elementos rítmicos. Había sonidos parecidos a xilófonos, sintetizadores con releases largos y progresiones envolventes. Por momentos parecía que estuviera haciendo música con vasos de vidrio. Slam desató un set que en varios momentos sonaba incluso a dembow sin dejar de ser techno. Sonidos que parecían creados dentro de una tubería, voces irreconocibles, percusiones y frecuencias agudas formaban una mezcla rápida y con muchísimo groove.
Elli Acula mantuvo la velocidad, pero volvió el escenario más brillante. Sus percusiones estaban más concentradas en las frecuencias altas y había sonidos agudos que no eran necesariamente ácidos. Por su parte, Setaoc Mass le mostró al público una vez más su visión del techno, una visión refinada, hechizante y detallista del techno, abierta también al IDM y la experimentación.

Considero que SOF encontró su mayor fortaleza en la coherencia. Cada escenario tenía una atmósfera distinta, pero todos estaban conectados con los imaginarios más esenciales del techno. Me quedo con dos cosas del festival. La primera: recordar la cultura de inclusión, cuidado y, sobre todo, disfrute que se ha construido alrededor de las personas y los sistemas de sonido. La segunda: que nuestra conexión con el futuro sigue pasando por las máquinas. Aunque puedan parecernos distantes o artificiales, pocas cosas hablan tanto de la naturaleza humana: ¿qué otro animal puede extraer minerales de la tierra, transformarlos en circuitos y ensamblarlos en un sistema de sonido capaz de reunir cientos de cuerpos alrededor de un mismo ritmo?
