Flor de Lava: la banda colombiana que conquista España con música para la feminidad

Lo que comenzó como una reunión entre amigas terminó convirtiéndose en un proyecto que culminó un disco debut acústico, profundamente latinoamericano y emocional.
Desde el primer acorde de “Pepita de Oro”, el mundo de Flor de Lava parece revelarse en un espacio donde la ternura es poder, la vulnerabilidad es un manifiesto y la raíz se transforma en revolución. Tras el éxito de su gira por España, las seis integrantes — Brina Quoya, Maria McCausland, Natalia Medina, Paula van Hissenhoven, Pilar Cabrera y Sabi Satizábal — le revelan a Billboard Colombia el origen de esta propuesta, que ha traspasado géneros y generaciones con una fórmula tan sencilla como disruptiva: hacer música entre mujeres, desde el corazón.
“Flor de Lava nació ni con una expectativa ni con una estrategia”, dice Brina Quoya. ““Pepita de Oro” nació de nuestras raíces, de lo que somos cada una, del bullerengue, de la tambora”. La canción, que abre el álbum homónimo debut de la agrupación, es un manifiesto sonoro que anuncia el tono del resto de la propuesta: uno donde la música tradicional no se disfraza de modernidad, sino que se presenta en su forma más pura, honesta y acústica.
Flor de Lava no obedece a tendencias ni algoritmos. Nació, como muchas revoluciones íntimas, en silencio: durante un retiro creativo en Villa de Leyva. Entre risas, lágrimas y conversaciones sin filtro, las canciones comenzaron a surgir. “Nunca dijimos: ‘vamos a hacer cumbia o bolero o bambuco’”, recuerda Natalia Medina. “Simplemente fue lo que salió al poner nuestras experiencias sobre la mesa y empezar a crear”.
Y eso es lo que vuelve a este proyecto tan potente: una autenticidad radical, casi incómoda en tiempos de producción masiva. Las canciones no buscan impresionar, sino contener. No gritan, susurran. Y aún así, o precisamente por eso, logran conmover.
“Sentimos que estábamos componiendo para nosotras mismas, para nuestras amigas, para nuestras madres e hijas”, dice Maria McCausland. En una industria que todavía sigue marcando estándares rígidos sobre cómo se ve y se suena una artista femenina, Flor de Lava ofrece una alternativa: una en la que el empoderamiento no necesariamente se traduce en fuerza o provocación, sino en permitir sentir.
“Ser vulnerables también es una forma de resistencia”, afirma Pilar Cabrera. “Nos han dicho que debemos ser las más fuertes, las más bellas, las más exitosas. Nosotras queremos mostrar que también hay poder en llorar, en tener amigas, en darnos permiso de ser”. Brina lo resume así: “Mostrar otras formas de feminidad es transgresor. Está bien querer estar buena y hacer plata, claro. Pero eso no tiene que ser lo único”.
Canciones como “Alma Pequeña”, coescrita junto a Laura Pérez y Maca Clavijo (del dúo Maca & Gero), son prueba de esa propuesta. Pensada como una carta a la niña interior, se ha convertido en una especie de ritual colectivo. “Lloramos cada vez que la cantamos”, confiesa Natalia. “Y en cada presentación, alguien del público se nos acerca para contarnos cómo les tocó”.
Aunque este es su primer disco, Flor de Lava ya ha comenzado a conquistar escenarios fuera de Colombia. Su paso por Madrid dejó a las artistas conmovidas: cientos de personas cantando cada palabra, además de cerrar el Fem Festival en Castellar del Vallès. “No esperábamos nada. Decíamos: así sean cinco personas, vamos a gozárnoslo. Pero la recepción ha sido brutal”, cuenta Maria.

El espíritu de Flor de Lava no se limita a la música. También se extiende al Festival de Fuego, un espacio autogestionado que durante tres años reunió propuestas artísticas lideradas por mujeres. Aunque este año no se realizará por motivos logísticos, ellas remarcan que dicha iniciativa sigue más viva que nunca. “Para nosotras, el festival es una forma de vida”, dice Paula van Hissenhoven. “Queremos que cada paso del proyecto sea una apuesta por abrir espacios a otras mujeres, desde la producción hasta el sonido en vivo”.
Mientras cierran su recorrido por Europa, las integrantes ya piensan en lo que viene. Volver al origen. Componer en grupo, volver a verse con calma, volver a escribir desde la entraña. “Ese retiro inicial en Villa de Leyva fue mágico”, dice Maria. “Y queremos repetirlo. Porque si algo nos ha enseñado este camino, es que cuando una se permite sentir con honestidad, la música llega sola”.
Y quizás ahí esté la clave de Flor de Lava: una banda que no grita, pero que se abre paso en la industria con el simple acto de sentir y compartir.