Silvestre Dangond: Un Rockstar con Poder Rojo
En casi tres décadas se convirtió en uno de los artistas más amados por los colombianos. Abrirle nuevas puertas a colegas de su género es uno de sus mayores sueños.
“Yo siempre he estado atado a la raíz”, decía Silvestre Dangond a fines del año pasado, desde Miami, durante la Billboard Latin Music Week. “Por más que ande y deambule por ahí, siempre sé dónde llegar. Siempre sé a dónde tengo el refugio”, remarcaba en aquella ocasión.
Dos frases que no solo suenan bonito, sino que funcionan como síntesis de una carrera de poco menos de treinta años, en la que el artista ha inmortalizado sus vallenatos más tradicionales como “La Colegiala” – uno de sus primeros éxitos –, masificado fusiones urbanas como “Cásate Conmigo” y rendido tributo a grandes como Leandro Díaz. Un ícono del género que Dangond admira tanto, que llegó a personificarlo en la bionovela sobre su obra.
Ahora, detrás de una mesa de madera del restaurante El Cielo de Miami (lugar donde se realizaron tanto esta entrevista como el shooting que la acompaña), con flores blancas que hacen un match perfecto con el traje de lino que viste en esta ocasión, recibe a Billboard Colombia quien es uno de los referentes más grandes de la música de nuestro país. Silvestre Dangond, quien también es una de las voces más importantes del vallenato contemporáneo – quizás hasta del vallenato en general – y un artista que llena estadios como si el principal ingrediente de sus canciones no fuera aquel instrumento de viento armónico que ha musicalizado al género desde sus inicios… sino una guitarra eléctrica.
Entre risas, en referencia al título Un Rockstar con Poder Rojo, y con el pecho inflado, lo enfatiza: “Orgullosamente rockstar. Con caja, con guacharaca y acordeón. Claro que sí”. No parece caprichoso llamarlo de esta manera y mucho menos después de ver el fervor que provoca entre los miles de seguidores que se autoproclaman como parte del también llamado «Silvestrismo».

«Poder Rojo» es el nombre con que el artista se refiere a sus seguidores en sus conciertos y en canciones como “Bacano”. Sobre este fervoroso grupo de fanáticos, Dangond agrega: “Al final es algo que no me pertenece, eso le pertenece a ellos [aclara, en referencia a su público colombiano], los que tienen y mueven esa energía […] Es un huracán de muchas emociones y a veces solo siento que soy el conductor”.
“Bacano” es una de las canciones más emblemáticas de su disco ‘TA MALO (ganador de un Latin Grammy en 2024), que tituló como una suerte de respuesta a sus detractores, según ha contado en entrevistas. Pero el álbum no solo respondía a los contradictores, sino a sus fanáticos de toda la vida. Como si les estuviera diciendo: Estoy de vuelta. Y con los vallenatos tradicionales. Los que hicieron que mis primeros seguidores comenzaran a enamorarse de mi música.
“A mi me dieron duro […] Lo que pasa es que uno evoluciona, propone. Yo nunca he dejado de ser vallenato”, recuerda. Porque su esencia nunca cambia, ya sea inmortalizando un clásico en potencia como “Loco Paranoico” o buscando expandir su público con canciones como “Justicia”, que hizo hace años con Natti Natasha. Sin embargo, las críticas van y vienen, pero los estadios siempre se llenan.
El comienzo de una nueva era
Durante su última gira El Último Baile Tour – en compañía de Juancho De La Espriella, el acordeonero de varios de sus mejores álbumes – hizo más de quince estadios. También seis presentaciones en el Parque de la Leyenda Vallenata, el recinto más importante de Valledupar, con asistencia para alrededor de 20.000 personas, lo que representa un hito al ser un espacio que muy pocos exponentes del género han logrado llenar. Entre ellos, el icónico Diomedes Díaz, quien muchos han comparado con Silvestre Dangond y alcanzó el mismo logro meses antes de su fallecimiento en el año 2013.
Dangond deja claro que se siente honrado con dichas menciones, pero que no las considera del todo acertadas: “Él es incomparable y no tendrá ni un sucesor, ni nadie que le llegue cerca […] pero a veces siento que tengo una responsabilidad de mantener un legado; no solo de él, sino de todos los que vinieron antes: Binomio De Oro, Jorge Oñate, Poncho Zuleta y del vallenato en general”.
Y claro, entre sus logros está El Campín. Mejor dicho, pronto sumará cuatro estadios El Campín (contando el concierto que dará el próximo 15 de mayo). Cada uno, ante más de 40.000 corazones.
Todos estos logros los consiguió en solo dos años. Este último lo convirtió en el artista que más veces se ha presentado en ese escenario en 24 meses y en el cantante con más tiquetes vendidos en Colombia: 500.000, tan solo con El Último Baile Tour. “Esto no es normal, esto es amor del pueblo. Más de 500.000 personas no es cualquier cosa… ¡Eso es una locura hermosa! Lo primero que pienso es: ‘Silvestre, no te puedes relajar, ahora es que hay que dar más’”.
Pero los últimos años no solo han sido los de la consolidación nacional, para el artista que tiene una de las carreras más sólidas de la música colombiana, sino también los de la consolidación de los logros internacionales. Por ejemplo, la etapa estadounidense de su gira El Último Baile Tour tuvo seis sold outs en Estados Unidos contando el show de Miami, ante más de 15.000 personas: el más importante que Silvestre Dangond ha hecho en un estadio arena de ese país. Visiblemente emocionado, el artista exhala: “Lo del Kaseya [Center, en la misma ciudad] fue una vaina que yo nunca voy a olvidar. Eso fue histórico”.

La capital de Florida es importante por diversos motivos. Es la ciudad que el artista ha elegido para vivir con su familia, en el momento más internacional de su carrera. Es un lugar que se ha convertido en la casa de muchos connacionales. Y además, históricamente, ha funcionado como una suerte de puerta de entrada para que los talentos hispanos puedan expandirse por todo el continente.
“Miami me cambió la película. Me abrió la mente, me conectó con la industria, con otros sonidos, con otras visiones. Pero también me hizo valorar más lo mío”. Otra frase que se siente como una síntesis, ya que en el último año Dangond presentó colaboraciones con artistas contemporáneos muy diferentes como Grupo Frontera, Manuel Turizo, Sebastián Yatra, Carín León o Emilia; pero también su disco El Último Baile con Juancho De La Espriella, el acordeonero que lo acompañó durante sus primeros años en trabajos como Cantinero o No Me Compares Con Nadie.
Sin embargo, Silvestre deja claro que le están llegando tantas cosas buenas, que ni siquiera tiene cabeza para pensar en estrategias: “Vivo en un mundo, [donde se trata] de construir todo el tiempo, de disfrutar, de cerrar y abrir puertas. Cerrando ciclos, evolucionando constantemente como artista, como escritor, como papá, como hijo, como amigo. Entonces creería que todavía no le he encontrado una fórmula a todo esto”.
La internacionalización no solo le viene a partir de colaboraciones, sino de sumar conciertos en escenarios como el Movistar Arena (tanto el de Chile como el de Argentina), donde se estará presentando en la segunda mitad de mayo y que se suman a – por lo menos – cinco fechas programadas en España para 2026. El año pasado también estuvo allí y entonces sumó presentaciones en Reino Unido e Italia.
En referencia a su éxito en otros países, y continentes, Silvestre Dangond concluye: “Yo creo que lo que estamos haciendo es de verdad. La gente conecta cuando hay verdad. Y el vallenato tiene eso, sentimiento puro. Además, el latino que está allá necesita ese pedacito de casa… y yo voy y se lo llevo con el alma”.
El respeto por las raíces
Silvestre Dangond se ha tomado tan en serio su lugar de embajador internacional del vallenato que, hace años, para hacer algunos de sus discos, solía irse a andar por recónditos pueblitos de la costa colombiana – quizás a su natal Urumita, en La Guajira –, a fin de encontrar escritores que tuvieran relatos únicos que le sirvieran para nutrir sus canciones: “Ese ejercicio no debería dejarlo hacerlo nunca, porque es importante llegar donde los compositores a ver qué es lo que está pasando, qué es lo que les está pasando”.
También destaca que muchos de estos escritores creen que tienen la historia precisa, la canción que le va a gustar a Dangond para hacer un nuevo hit. Pero él insiste que a veces le gusta encontrar otro tipo de creaciones. “¡Qué bonito que llegue la vulnerabilidad! Poder encontrar a compositores tristes, felices, contentos, despechados. Meternos un poquito en la intimidad de ellos. Mi folclor siempre ha funcionado así, si algo amo del vallenato es que cada vez que voy a la raíz me siento más orgulloso de lo que soy”.
Entre los referentes que dan testimonio de su profundo amor y respeto por el vallenato tradicional está su colega y amigo Omar Geles (fallecido en mayo de 2024). Prolífico compositor del género, quien llegó a componer por lo menos 1.500 canciones durante toda su vida, incluso algunas que están siendo grabadas – de a poco – por artistas amigos del músico y pendientes por salir. Tal vez la más famosa sea “A Blanco Y Negro”, pero la lista del trabajo entre ambos es bastante extensa: “Me Gusta, Me Gusta”, “Gracias”, “Las Locuras Mías” y muchas más.
Días antes de su partida, el icónico escritor, instrumentista y en algún momento integrante de Los Diablitos, alcanzó a subirse con Silvestre en una de sus presentaciones en el estadio El Campín. “Y tú eres la que puede, pintar con mil colores, mi mundo a blanco y negro”, se le escuchó vociferar a decenas de miles de almas en aquella ocasión.

A mediados de la década pasada, de la mano de Sony Music, Silvestre Dangond comenzó a explorar el universo del pop urbano. Primero con “Materialista”, su megahit de 2015, en compañía de que Nicky Jam, que mantenía la estructura parrandera del vallenato. A continuación, y aventurándose más por las fusiones, lanzó un remix con Farruko y la colaboración con Natti Natasha previamente referida. Una etapa en la que ser capaz de entender que tenía que evolucionar su sonido fue crucial para su expansión, inicialmente continental y posteriormente global. “Estos últimos años han sido muy bonitos porque han sido de mucha inversión, tiempo, dedicación. De metas, las cuales hemos ido chuleando una a una”.
La exploración de Silvestre Dangond en esa década lo llevó por otros caminos bastante interesantes: el de rehacer el clásico noventero “El Santo Cachón” de Los Embajadores Vallenatos, en compañía de Robinson Damián (uno de los integrantes de la agrupación) y Los Gigantes, así como el de grabar con el cantante de música romántica chileno Américo (también en ese mismo año), por solo mencionar algunos. “Yo no me cierro a nada, pero todo tiene que tener sentido. Yo no voy a hacer algo por moda o por presión”, se sincera.
Dangond también se pronuncia sobre la duda que todo fanático puede tener cuando su artista comienza a entrar a mercados anglosajones. “Si algún día canto en inglés, tiene que ser porque la canción lo pide, no porque esté tratando de encajar. Yo soy Silvestre, y eso no se negocia”.
La palabra rockstar tiene que ver con la libertad
Al escuchar a Dangond, sus palabras se sienten como las de una persona que luego de muchos años de carrera por fin ha alcanzado una verdadera tranquilidad. “Cambié el libertinaje por libertad, no dejo de ser libre, pero con más amor, con más respeto”, comenta, como si con esa frase se desprendiera de un peso interno que llevara cargando por años.
“Al final, la palabra rockstar, como tal, tiene que ver con la libertad”, considera.
El origen de la palabra rockstar es un tanto incierto. Hay quienes creen que puede venir del DJ Alan Freed, pionero en difundir el rocanrol en Estados Unidos (Bill Haley & His Comets, Chuck Berry, Ray Charles, etc.), pero también es posible que la primera vez que haya usado el término fuera en 1970, cuando The New York Times publicó el obituario de la cantautora de rock y blues Janis Joplin.
Sin embargo, el término ha tomado tanta fuerza que hoy en día se utiliza incluso para personas que nada tienen que ver con la música. En el plano sonoro, desde el pianista clásico Franz Liszt, hasta la estrella pop Madonna han sido referidos con la palabra. Sin ir demasiado lejos, Shakira acaba de convertirse en la primera artista colombiana nominada al Salón de la Fama del Rock n’ Roll, por lo que tampoco parece descabellado considerarla de esta manera.

En sus conciertos, Silvestre Dangond le habla a su público como si fuera un rockstar, pero también como si fuera un amigo o un fanático más (“yo vine aquí a robarme la energía de ustedes porque la necesito, pero no se preocupen, yo la uso para bien”, les dijo el año pasado, a los asistentes de su concierto en Madrid). Se permite la licencia de ser él mismo y bromear con ellos. Mejor dicho, de explorar – desde las tarimas – su propia libertad.
“No, yo pienso que la palabra no es lo logré [dice, en referencia al hecho de estar atravesando lo que parece ser su momento de mayor éxito]. Lo entendí, entendí quién soy, cuánto valgo para la música y cuánto valgo para eso que me ha llevado hasta este punto de la vida, que es el cariño y el amor de un público que me acompaña a todos lados”.
La importancia del trabajo en equipo
“Es fundamental [que puedas] rodearte de un buen equipo, de gente soñadora como tú. Tener alquimia con toda esta gente, con todo este movimiento que hoy en día te acompaña”, confiesa Silvestre, posiblemente en referencia a la sinergía que ha creado con sus mánagers, con los encargados de su prensa, con los realizadores de sus videos, etcétera.
Precisamente, uno de los aciertos de su carrera, que se entienden gracias a las palabras de Joaquín Rodríguez, parte de su equipo de management, tiene que ver con que en algún momento su equipo entendió un detalle crucial: el hecho de ser uno de los artistas más grandes de la música colombiana, no lo eximía de seguir conquistando públicos, sobre todo los de las edades más tempranas.
“Silvestre ha construido un Silvestrismo en 23 años, impresionante. Pero para llenar los estadios tú necesitas ampliar una audiencia y que la gente quiera ir a un show de talla internacional, así no se sepa una canción”. Colombia es un país retro además y gracias a los realities musicales, las canciones de vallenato e incluso las de música popular, por solo mencionar dos géneros, han cautivado incluso a los niños. Niños que crecen y se vuelven adultos… y siguen escuchando tanto las canciones clásicas como nuevas del artista.
Así que los estadios no solo se llenan a punta de suerte o a punta de magia. Es precisamente la capacidad de entender que cada vez más fanáticos pueden llegar a la música del artista. la que hace que Silvestre Dangond cada vez pueda dar pasos más grandes. Por ejemplo, con canciones como “Ganas De Tenerla” o “Volvamos A Ser Novios”, que se han destacado en las últimas semanas en el Billboard Colombia Hot 100. Además, con sus éxitos “Cásate Conmigo”, “Ya No Me Duele Más” o “Justicia”, que han pasado – cada uno – más de 15 semanas en el Hot Latin Songs de Billboard.
También es muy diciente que Andrés Castro, quien también ha producido éxitos como “La Bicicleta” de Carlos Vives y Shakira, “El Anillo” de Jennifer López o “Amigos Con Derechos” de Reik y Maluma, haya terminado siendo otro de sus mánagers. Según recuerda Dangond, trabajar juntos, al principio, no fue fácil. “Nos costó un poquito, pero el amor se ha convertido en todo, yo trato de escucharlo y hay mucho respeto. Pienso que, porque hay tanta admiración mutua, es que las cosas hoy en día pueden estar funcionando de esta manera”.

Y quien completa el equipo de management, Walter Kolm, es una suerte de rey Midas de la industria latinoamericana. Con su mano dorada ha llevado a artistas como Carlos Vives, Maluma o Prince Royce al punto más alto de sus carreras. Actualmente trabaja para posicionar a Emilia en todo el planeta y recientemente cerró dos de las firmas más inteligentes del último año: Morat y Farruko, esta última, hace pocos días.
Fue más o menos cuando Silvestre Dangond comenzó a trabajar con él – a mediados de la década pasada – que comenzó a cultivar ese sonido más internacional, que entonces lo ayudó a alcanzar nuevas audiencias, pero sin olvidarse de sus raíces. Sin embargo, en un momento en el que los mayores éxitos del artista no vienen de las canciones con fusiones, las colaboraciones se sienten más como íntimas licencias artísticas.
Como actos de libertad que el artista sigue haciendo para grabar con amigos o simplemente para poder ser él mismo. Incluso Dangond ha llegado a decir que no tiene ningún sentido perseguir las tendencias internacionales, si antes no te has dedicado a la música de tu propio país.
Después de todo, y de la misma manera que sabe que su éxito es – en gran parte – producto de ese amado colectivo que lo acompaña, su legión de fans incondicionales autoproclamados Poder Rojo o Silvestrismo, también piensa a sus colegas como parte de una gran comunidad. Por ejemplo, en algún momento de la entrevista expresará: “Agradezco que, más que pensar en mí como Silvestre Dangond, piensen en el género vallenato, que necesita de más estrellas, mucho amor, dedicación”.
El legado de Silvestre Dangond
Silvestre Dangond no solo va a dejarle a este planeta canciones bonitas y anécdotas dignas de escribir en un libro sobre la historia del vallenato, sino que además busca que todo lo que haga pueda plantar una semilla para que puedan brotar nuevos intérpretes, instrumentistas y compositores. El año pasado entregó a la Fundación Cultural Latin GRAMMY® dos subvenciones de investigación y preservación que fueron destinadas para impulsar el crecimiento y el desarrollo del género de acordeones.
“El vallenato me dio mi voz, mi propósito y mi conexión con el mundo […] Apoyar proyectos que estudian y preservan su historia es una responsabilidad que llevo con orgullo. Si queremos que esta música siga tocando corazones, debemos proteger el legado de quienes la crearon”, comentó en aquella ocasión.
Hace años, Silvestre Dangond dijo que se retiraría al cumplir 55 años, que se cumplirán el 12 de mayo del año 2035, dentro de nueve años, que pasarán volando. “Yo quiero bajarme de la tarima tranquilo, con la certeza de que di todo. Que cuidé el vallenato, que lo llevé a otro nivel sin faltarle el respeto”. Él visualiza ese día. Va a ser en su natal Urumita, en medio de una fiesta y abrazando a su gente, agradeciéndoles por lo conseguido y muy probablemente con un repertorio de clásicos vallenatos, incluidos los de su parcero Omar Geles, sonando a todo taco.
Si pudiera mandarle un mensaje al Silvestre del futuro dice que le diría: “Levántate de esa hamaca, grábate tu disquito, sal de gira otra vez hombre… que el Silvestrismo te espera”, hasta se le nota emocionado al imaginarlo. Así que si bien es probable que entienda que algún día tendrá que retirarse para descansar, para dedicarse a su familia y sus amigos, el amante de las “Cosas Sencillas” – como se llama su canción con Carín León – sabe que la fecha de retiro podría tener uno o varios aplazos.
55 años no parecen tantos y el planeta, ese en el que Silvestre Dangond sueña con la posibilidad de llevar el género de acordeones hasta los lugares más recónditos, es demasiado grande. “Siempre faltan cosas… si uno deja de soñar, se acabó todo. Me encantaría seguir llevando el vallenato a otros niveles, hacer colaboraciones que sumen, que respeten el género”, considera.
“Pero más que pensar en [grandes] nombres, pienso en que lo importante es que la música tenga alma”.

