Miguel Tapia y el legado de Los Prisioneros que marcó al rock latinoamericano
Recientemente reconocida entre las cinco mejores bandas de rock en español de todos los tiempos por Billboard, la agrupación chilena consolida su legado y se fortalece entre nuevas audiencias.
Canciones como “El Baile de los que Sobran” o “Muevan Las Industrias” convirtieron a Los Prisioneros en una de las agrupaciones más importantes del rock latinoamericano. Tanto así, que fueron la banda protagonista del primer video emitido por MTV Latino y, en tiempos más recientes, fueron reconocidos en la posición No. 5 dentro de Las bandas más importantes del rock en español de todos los tiempos. Conteo publicado por Billboard hace pocas semanas.
Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia se conocieron en 1979 como compañeros de colegio en San Miguel, y de esa amistad nacieron proyectos iniciales como Los Pseudopillos y Los Vinchukas, donde comenzaron a experimentar con recursos básicos. Finalmente, el 1 de julio de 1983 debutaron oficialmente como banda.
Si bien Los Prisioneros surgieron sin una intención política explícita, con el tiempo desarrollarían un fuerte contenido social en sus letras, que se convertiría en uno de los elementos principales de su propuesta.
Tras egresar, González ingresó a estudiar Ingeniería en Sonido en la Universidad de Chile, instancia clave en la que conoció a Carlos Fonseca, quien en 1984 asumió como mánager e impulsó al grupo dentro del emergente rock chileno. Ese mismo año editaron La voz de los ‘80, un casete influenciado por The Clash que los posicionó rápidamente como referentes del pop-rock chileno.
Más adelante, en 1985, EMI distribuyó el disco a nivel nacional, ampliando su alcance con canciones como “Sexo” y “La voz de los ‘80”.
Sin embargo, en 1987, durante una gira, enfrentaron censura y prohibiciones impuestas por el régimen militar, lo que dificultó la promoción de La Cultura de la Basura. En respuesta, en 1988 comenzaron a consolidar su proyección internacional con presentaciones en Perú, Ecuador y, especialmente, Colombia, donde realizaron tres giras consecutivas entre 1988 y 1989.
Mientras estaban en el punto más alto de su carrera, la banda sufrió una ruptura. A fines de 1989, las diferencias musicales entre Narea, más cercano al rock, y González, orientado a la electrónica, se volvieron irreconciliables, agravadas por conflictos personales. Como consecuencia, el grupo quedó reducido a dúo y en 1990 lanzó Corazones, su álbum más exitoso y mejor producido, grabado en Los Ángeles bajo la dirección de Gustavo Santaolalla (productor también de varios discos de Juanes, Café Tacvba, Julieta Venegas), con González prácticamente a cargo del proyecto.
Posteriormente, en 1991 participaron en el Festival de Viña del Mar con una imagen menos combativa y realizaron una gira de despedida marcada por tensiones con el público. Al finalizar ese recorrido, la banda se disolvió definitivamente. A partir de entonces, cada integrante siguió su propio camino: Narea formó Profetas y Frenéticos, Tapia desarrolló Jardín Secreto y González inició una carrera solista. Solo se reunieron brevemente en 1996 para el compilatorio Ni por la Razón, Ni por la Fuerza.
Así que podría decirse, en perspectiva, que la trayectoria de Los Prisioneros se divide en dos etapas: la primera hasta 1991 y una segunda entre 2001 y 2006. Desde sus orígenes en un liceo de Santiago de Chile hasta su cierre en el extranjero, su impacto ha sido profundo: sus canciones han marcado a una generación y mantienen vigencia. Son constantemente reinterpretadas y siguen conectando con nuevos públicos, consolidándolos como la banda más influyente del rock chileno.
En cuanto a sus integrantes, Jorge González continuó activo pese a un accidente cerebrovascular que sufrió en 2015: tras su recuperación anunció el disco Trenes, aunque en 2017 confirmó su retiro de los escenarios. Por su parte, Claudio Narea priorizó su carrera solista tras un período como productor y publicó su libro Mi vida como Prisionero (2009), reeditado en 2014 como Biografía de una amistad.
Finalmente, Miguel Tapia, en el marco de su reciente visita al país, retomó el contacto con la prensa y conversó con Billboard Colombia para detallar sus proyectos actuales, algo poco habitual durante sus giras debido a limitaciones de tiempo.

Los Prisioneros se dieron a conocer en Colombia a finales de 1987 principalmente a través de la radio, antes de su presentación en el histórico Concierto de Conciertos en septiembre de 1988. ¿Qué expectativas tenían del público colombiano en ese momento y cómo describen la experiencia tras presentarse ante 60 mil asistentes que corearon canciones como “El Baile de los Que Sobran” y “Muevan las Industrias”?
Bueno, nosotros la verdad, por primera estábamos vez saliendo de Chile, así que no teníamos francamente mucha expectativa. En ese tiempo sabíamos simplemente que el sello había editado nuestros discos acá, un compilado, y bueno, vinimos con la ilusión de jóvenes de 23 años a ver cómo nos iba, en el fondo nada más. A ver cómo nos iba en Colombia y no teníamos mucha expectativa.
Por eso en el momento que llegamos en septiembre del año 88 para tocar por primera vez en Colombia, ni más ni menos, que nos tocó hacer ese concierto en el Campín, un concierto de conciertos, y ahí la verdad que fue impactante para nosotros. Sin expectativas, sin nada, encontrarnos con un concierto donde la gente está esperando escuchar “Por Qué No Se Van”, “Muevan las Industrias”, “Latinoamérica Es un Pueblo al Sur de Estados Unidos” y “El Baile de los Que Sobran”…
Así que quedamos impactados de ese recibimiento y para nosotros fue un antes y un después, porque, para resumir, no esperábamos nada y nos encontramos con todo.
A partir de que Billboard los posicionó como una de las cinco bandas más importantes del rock en español y destacó la vigencia de “Tren al Sur”, ¿cómo interpretan ese reconocimiento dentro de su historia y legado musical?
Puedo decir que es sorprendente. Por un lado, me sorprende cuando veo que, en esa lista interminable de tremenda cantidad de artistas, todos conocidos, nosotros estamos en el número 5. Eso me sorprende, soy muy franco.
No me sorprende que Los Prisioneros estén en alguna lista de reconocimiento de su carrera. Pero estar en el número 5, mucho antes de un montón de artistas respetados por nosotros, que tienen mucho público y son muy queridos, eso sí me sorprende.
Claro, el número 5 lo encuentro… wow!!!, no es menor, no es menor.
Y hablando de legados… ¿Cuál sería el Top 5 de canciones de Los Prisioneros de todos los tiempos?
Una sería “We Are Sudamerican Rockers”, muy emblemática porque cuando MTV abrió la señal hacia Latinoamérica, fue con el video de esa canción. Y si te cuento que, además, la gran mayoría de la gente que estaba a cargo de MTV para Latinoamérica eran argentinos. Sin embargo eligieron una canción de una banda chilena, así que eso nos marcó también, como un punto importante a recordar en nuestra historia.
Otra sin duda, es “El Baile de los Que Sobran”, que es ícono hasta el día de hoy. También se ha usado prácticamente como una bandera de lucha para las protestas y concentraciones, tanto en Chile, y yo sé que acá también se ha usado. La canta la gente porque es una canción que tiene una energía y una historia, que cuenta la desigualdad, en particular de la educación. Así que eso marcó mucho.
Después diría “Tren al Sur” y “Estrechez de Corazón”, temas que abrieron mucho más nuestra carrera en toda Latinoamérica. Con el disco Corazones marcamos un antes y un después: antes teníamos un grupo gigantesco de fans en Chile, pero con ese álbum logramos cruzar la barrera social, llegando a todas las clases del país. Eso fue muy importante y potente para nosotros, y probablemente ocurrió en otros lugares también. Siempre existió cierto distanciamiento con algunos públicos que no querían saber de nosotros, pero con Corazones no les quedó más que abrirse a nuestra música.
Incluyo una de las primeras canciones: “La Voz de los ‘80”. Nuestro primer single en Chile que marcó a un montón de jóvenes en ese momento. Yo ahora veo en escuelas a los chicos cantando “La Voz de los ‘80”. Para nosotros fue como la llave para abrir las puertas del camino que significó ser esta carrera de Los Prisioneros.
Nos contaste un poco del estreno de “We Are Sudamerican Rockers” en MTV, ¿Estaban al tanto de este hecho o fue una sorpresa para ustedes?
Estábamos al tanto de que venía así, pero hay algo que siempre marcó la historia de Los Prisioneros. Te cuento: en Chile siempre costó mucho que los medios de comunicación reconocieran nuestro éxito. Creo que fue una razón política, no hay otra; no era porque éramos feos, ni éramos bajos, ni por nada de eso, era porque no teníamos afinidad con los medios de comunicación por razones políticas.
Entonces, cuando nos enteramos de que MTV iba a abrir la señal para Latinoamérica con “We Are Sudamerican Rockers”, nosotros esperábamos que los pocos programas de música en Chile. En ese momento había tres canales de televisión, cuatro en total, pero tres programas de música dijeran algo, y en ninguno dijeron nada. Entonces… ¿por qué voy? ¿a dónde quiero ir?
Éramos muy famosos. Tocábamos en Colombia, en Perú, en México, en Ecuador, éxito, rockstar, pero llegábamos a Chile y casi que volvíamos a ser los chicos del barrio. Y, en lo personal, te repito, eso para mí, no digo que haya sido bueno, porque si hubiese sido distinto tal vez la banda hubiese tenido otra proyección, porque todo lo que tuvimos fue producto de puro empuje y garras y ganas, pero también fue bueno como para que nunca se nos fueran, o se me fueran, yo voy a hablar por mí, los humos a la cabeza, esa es la verdad.
Dentro de la producción de maquetas, demos en la historia del grupo ¿quedaron canciones, proyectos u obras inconclusas sin publicar?
Nosotros publicamos todo lo que consideramos que se podía publicar, lo que ya nos daba vergüenza publicar. Hicimos en Chile un par de discos. Nosotros tuvimos dos etapas: de los 80 hasta el año 92, que fue cuando tocamos la última vez solo con Jorge González y otros músicos. Después, [durante] todos los [años] 90 estuvimos separados, y en el año 2001 hicimos el reencuentro.
A mitad de los 90, en ese tiempo en que estuvimos separados, hicimos una publicación en Chile: un disco que se llama Ni por la Razón, Ni por la Fuerza. En Chile el escudo patrio dice “por la razón o la fuerza”; nosotros decimos “ni por la razón ni por la fuerza”. Y también la carátula, salimos con un cuadro de los héroes clásicos, tres fotos de libertadores, exactamente, siempre un poquito a nuestro estilo.
En ese disco rescatamos bastante material que consideramos que había que publicar; hay otro que definitivamente lo dejamos afuera. Y hace poco, muy poco, después de que muere Carlos Fonseca, nuestro manager, a fines de 2023, sacamos un disco que ya estábamos trabajando con él: el primer disco de La Voz de los ’80. Porque cuando nosotros empezamos a ver que la banda estaba pegando bien en Latinoamérica, regrabamos ese disco. Entonces ahí están los demos, el primer vinilo, el primer casete que salió en Chile, también ahora en vinilo, eso fue lo último que hicimos.
Si Los Prisioneros no se hubieran separado, ¿qué dirección musical creen que habría tomado la banda en la actualidad?
Mira, yo creo que habríamos sido, tal vez, una banda bien pop; habríamos mantenido un poquito el estilo del disco Corazones. Con Jorge, sin duda, hubiésemos seguido trabajando juntos; siempre estuvimos muy unidos, en las buenas y en las malas. Creo que habríamos mantenido ese estilo de Corazones.
Considerando la situación de salud de Jorge González, ¿cómo han manejado y gestionado la marca Los Prisioneros?
Bueno, la marca la inscribí yo hace muchos años, porque el nombre se lo puse yo. Y no ha sido complejo; la verdad es que Jorge, hace muchos años atrás, me dijo: “Miguel, qué bueno que tú llevas la marca, porque tú la puedes cuidar bien”, porque una marca se puede pasar para cualquier cosa, para un jugo de bebida.
Yo me presento como Miguel, de Los Prisioneros. Acá promocionan a Los Prisioneros a un vuelto [cómo si estuvieran de regreso], y a mí eso igual me choca, francamente, me incomoda, porque eso no es así. Soy Miguel Tapia; de bajada, Los Prisioneros, porque soy el fundador de la banda, porque soy el que le puso el nombre a la banda y porque soy el que estuvo toda la vida en la carrera de la banda junto con Jorge.
Sí sabemos que nuestro compañero [en referencia a otro de los integrantes, Claudio Narea, aunque sin mencionarlo] usa la marca y todo. Eso sí ha sido como que no lo hemos visto con Jorge, principalmente, así como, bueno, nada, no queremos estar en problemas con eso, sí, sí, sí, la verdad.
Si tuvieras que elegir dos o tres canciones que cuenten la historia de Los Prisioneros, ¿cuáles serían?
Creo que vuelvo a “We Are Sudamerican Rockers”, porque fuimos rockeros latinoamericanos, sin mujeres, sin millones, sin Cadillac. Nosotros, a diferencia de muchas bandas — por ejemplo, en Argentina, con mucho éxito —, hemos visto cómo se han transformado mucho las vidas de sus músicos, lo sabemos. Nuestra vida no ha cambiado mucho.
Y hablo en lo particular, yo lo llevo muy bien, me he manejado bien en lo que es la fama, en lo que es mi parte privada, mi familia, mi círculo más pequeño de amistades. Para mí eso ha sido básico, importante; creo que ha sido una forma sana de manejarme siendo artista, siendo súper reconocido.
Yo me quedo con eso; tengo un tema con el trabajo: yo estoy trabajando, en mi trabajo.
¿Has pensado en dejar algo así como un legado para las nuevas generaciones, como un sonido más actual de la banda, por ejemplo remezclando los másteres originales y rescatando la discografía para actualizarla?
Me parece muy interesante lo que dices. Sí, yo creo que con Los Prisioneros pasa un fenómeno: hasta el día de hoy las canciones siguen sonando. Allá en Chile pasa exactamente igual; no hay día que yo prenda la radio, cuando voy en el vehículo o en casa, que no suene una canción de Los Prisioneros.
Es un fenómeno. Volviendo un poco a eso, para que se mantenga en el tiempo la música, hemos tenido la suerte de que nosotros hemos ido, comillas, renovando nuestro público. Seguimos viendo jóvenes de 15, de 10 años, padres que nos dicen: “Oye, mira, mi hijo, no sé por qué, tiene 5 años y canta “Pa Pa Pa” … qué sé yo”.
Creo que algo pasó ahí con la música de Los Prisioneros, porque los niños no saben de temas sociales.
