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La noche en que Lorde demostró que la nostalgia también se transita bailando.

  • Publicado marzo 21, 2026
La noche en que Lorde demostró que la nostalgia también se transita bailando.
@festereopicnic

Dieciocho temas y un setlist que reunió éxitos como “Royals”, “Liability” o “Green Light”, mientras la artista saltaba de un lado al otro de la tarima e incluso convertía el escenario en su propio gimnasio. 

Lorde conecta desde el primer segundo. Ha montado su show sobre un formato de DJ, en el que la acompaña una guitarra eléctrica y un tecladista que toda una especie de sintetizador que emite sonidos profundos y ayudan a completar una atmósfera que puede pasar de lúgubre a discotequera en cuestión de minutos. Las luces, a menudo blancas y azules acompañando el comienzo del show. 

“Hammer” es la que comienza a calentar el terreno, mientras Lorde luce lo que parecen ser unos lentes de contacto reflectivos que hacen que sus ojos luzcan blancos y brillantes, como si llegara poseída. Seguida por “Royals” (No. 1 por nueve semanas en el Billboard Hot 100), que sorprendemente, quizás por el formato del show, es interpretada de forma incompleta.  

No volverá a sonar en toda la noche, una noche que tendrá grandes éxitos de la artista, pero en el que este tema – su primer éxito – será el gran faltante. 

La artista neozelandesa no solo es una diva, sino que tiene claro que para serlo también hay que creérselo. Comienza a saltar por todo el escenario, mientras interpreta canciones como “Buzzcut Season” con profunda sensualidad. Lo mismo ocurrirá minutos mâs adelante en el éxito “Supercut”, en el que solo necesita poner su cabeza contra el suelo, como si estuviera acostada en su almohada e interpretar de forma enfática para que los asistentes conecten con ella. 

En un show de Lorde se puede ver de todo. Desde una pantalla de 3 metros de altura, que hace lucir a la artista como una androide recién llegada del futuro o incluso una caminadora de gimnasio, donde la artista se desplaza como si  necesitara quemar los excesos de adrenalina. Mejor dicho, como si aún entre saltos constantes y una exigente interpretación todavía le quedara energía para liberar. 

Entre el público se ven jóvenes de distintas edades que gritan, que lloran, que pasan de saltar como si estuvieran en un rave a recogerse el corazón como si alguna de estas canciones se la hubieran dedicado a algún ex. Los hombres heterosexuales no podemos parar de mirarla, por ejemplo, minutos antes se había quitado los jeans, pero de una forma en la que los asistentes sentíamos que incluso sin música habríamos quedado magnetizados a ella en ese momento. 

Más momentos conmovedores con “Liability” y “Man Of The Year”. Y luego más euforia con “Team” y las muy esperadas “What Was That” y “Green Light”, donde conciente de lo que lo que provoca en sus fanáticos, Lorde hace que luzcan en pantallas como si estuvieran brotando lagrimitas verdes. 

Se acerca el final, pero Lorde no se va a ir sin bajar a saludar a varios de sus fanáticos que la acompañan a pocos metros de la tarima. Mientras lo hace va interpretando “David”, la penúltima canción del repertorio. 

El cierre, eufórico como nos gusta. Dándola toda en “Ribs” y demostrando que quizás la razôn por la que no quiso cantar entera “Royals” es porque no la necesita, porque hace parte de otra etapa y sus fanáticos la quieren por mucho más que eso. 

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Written By
Pablito Wilson