Amílcar Boscán habla sobre “Talento de Televisión” y los secretos de su amistad con Willie Colón
Tras la muerte del Malo del Bronx, el relato sobre su legado adquiere nuevas capas desde la voz de su compositor y aliado creativo más cercano durante más de tres décadas.
Cuando se confirmó la muerte de Willie Colón el pasado 21 de febrero la salsa entró en luto por una de las voces que definieron la evolución del género. Desde Nueva York hasta Cali, pasando por Maracaibo, el duelo fue inmediato. Pero entre todos los que lamentaron su partida, hay una voz que lo hizo desde otro lugar: la del hombre que escribió algunas de sus canciones más importantes.
Ese hombre es Amílcar Boscán. Cantautor, abogado y exvocalista de Guaco, fue durante más de 30 años el principal aliado creativo de Colón en su etapa madura. Su historia juntos — hecha de distancia, disciplina y entendimiento mutuo — es también una forma distinta de contar quién fue realmente el llamado “Malo del Bronx”.
En entrevista para Disetti Music, retomada por Billboard Colombia, Boscán revisita la historia de Willie Colón desde su propia mirada. Entre chats, estudios de grabación y con el privilegio de haber sido uno de los pocos en quien el trompetista depositó su confianza creativa, el compositor de éxitos como “Talento de Televisión” reflexiona sobre su conexión con Colón.
Un camerino, un cassette y el inicio de todo
El primer encuentro ocurrió en 1988, en Miami. Colón ya era una figura consolidada del catálogo de Fania, mientras Boscán comenzaba a abrirse camino como compositor. El venezolano asistió a una de sus presentaciones y, con la audacia que solo tienen quienes saben que tienen algo valioso que ofrecer, solicitó acceso al camerino. “Ya yo había pegado en el mundo ‘Apariencias’ y yo creo que él tenía ya cierta noción sobre mí. Se me autorizó, me identifiqué, cruzamos los contactos y le prometí que le iba a hacer llegar mis primeras canciones para él.»
Tres meses después, esa promesa tomó forma en un cassette con tres temas: “Color Americano”, “Estoy Por Ti Rezando” y “Vida Nocturna”. Todos terminarían en Color Americano (1991), el primer álbum de Colón con Sony.
Lo que siguió no fue una amistad de cercanía física —la distancia entre Caracas y Nueva York se los impedía— sino algo más extraño y más duradero: una alianza epistolar. Boscán entendió desde el principio el código de conducta que requería relacionarse con Willie Colón: «Para ser respetado, uno tiene que ser intérprete de los espíritus».
Para el segundo álbum de la sociedad Colón-Boscán, Demasiado Corazón de 1997, el venezolano volvió a calificar con «Sevillana», «Cayó Condesa», «Despertares» y «Candidato de la Ingenuidad». La fórmula funcionaba y dentro de la industria se sabía que Boscán era la pluma de cabecera del trombonista.
Sobre el proyecto que nunca fue:
Más adelante, como resultado de la confianza y la complicidad que habían alcanzado, hubo incluso un momento que pudo cambiarlo todo. Jerry Masucci, el fundador de Fania Records, había decidido refundar su sello emblemático. Willie Colón sería el A&R de esa nueva Fania, y su primer proyecto como productor sería precisamente Amílcar Boscán.
«Me cita a una reunión en el Poliedro de Caracas para que conozca a Jerry Masucci, que regresaba con Fania a refundar su Fania, y Willie quería que yo fuera su primer proyecto como productor. Willie a la vez iba a ser el A&R de Fania Records en su nueva época. Pero Masucci muere de un infarto estomacal en Argentina. Willie me dijo que para los dolores de las articulaciones Masucci usaba muchos esteroides; Willie se lo atribuye a eso. Y entonces eso se frustró, no cuajó.»
La muerte de Masucci enterró el proyecto. Pero la relación entre el trombonista y el compositor siguió su curso, acercándose hacia los dos temas que inmortalizaron su sociedad creativa para siempre.
Aunque trabajaron durante décadas, solo compartieron estudio una vez. Para la grabación de «Los Olores del Amor», Colón y Boscán coincidieron en una sesión que solo duró una hora, pero que fue suficiente para elevar su conexión.
La escena reveló algo esencial: detrás del carácter fuerte que muchos le atribuían, había un músico profundamente disciplinado, capaz de ceder el control cuando reconocía autoridad artística. «Ese fue el secreto de que nuestra relación fuera exitosa a lo largo de 33 años: él o era querido o era criticado. Se ganó la admiración musical, pero mucha gente noté que lo calificaba de déspota, de patán. A mí siempre me trató bien. Pero eso de que yo era su hermano, iba a su casa… eso no fue posible.»
La declaración de Boscán sobre la reputación de Colón es honesta y matizada: reconoce que el músico generaba reacciones encontradas entre quienes lo rodeaban, pero que la clave del éxito de su relación fue saber mantener con inteligencia los límites entre lo personal y lo profesional.
No mezclar, como él mismo dice, «la gimnasia con la magnesia».
“Talento de Televisión”, el éxito que marcó su amistad
La historia detrás de la canción más escuchada de Willie Colón en la era del streaming merece ser contada en detalle. Corría la primera mitad de los 90 y Sony Music había tendido un puente entre dos viejos socios separados por diferencias que parecían irreconciliables: Willie Colón y Rubén Blades. La condición del reencuentro era clara: juntos pero no revueltos. Cinco canciones cada uno, mismo estudio, con los mismos ingenieros, producciones separadas.
«Él me llamó y me dijo —yo vivía en Caracas para esa época, en El Cafetal— me dijo: ‘Necesito un hit. Y yo le dije: ‘Yo creo que lo tengo’.» La canción ya hacía parte del catálogo privado de Boscán, quien entendió rápidamente que Colón era la voz indicada para llevar un mensaje contundente en un empaque completamente alegre.
La canción, una crítica irónica a la banalidad mediática disfrazada de fiesta, hoy supera los 400 millones de reproducciones en Spotify, muy por encima de cualquier otro tema de su catálogo.
Y hay un detalle que Boscán cuenta con evidente satisfacción: cuando Colón recibió la canción, le pidió permiso para usar el mismo arreglo de la demo original, como si pudiera estar cometiendo alguna irregularidad. «Me pidió permiso para copiar literalmente el arreglo. Me lo pidió con tono confidencial, como si estuviera violando algún derecho: ‘¿Puedo ponerme…?’. Muy honesto todo eso; por supuesto, alimentaba mi autoestima. Yo alcancé a ese fenómeno de Fania, me salpicó duro».
La relación trascendió la música. Colón llegó a confiarle jingles políticos, incluyendo piezas para campañas vinculadas a Mike Bloomberg en Nueva York. Los políticos que le encargaban trabajos a Colón, él los delegaba en Boscán: cuñas comerciales de 30 segundos donde toda la eficacia debía concentrarse en el tiempo de un suspiro.
«Él dice, me dice en uno [de los mensajes de Messenger], que mi gran gancho como compositor es melódico. Yo le atribuyo también en parte de eso a una mezcla de cosas que yo escuché desde niño: un fenómeno ecléctico, Billo’s Caracas Boys, a partir de los 14 años la salsa con ‘La murga de Panamá’… uno fue el producto de muchas cosas. Y terminas siendo original, pero hay muchos factores que alimentan tu personalidad musical.”
Sobre el legado de Willie Colón:
Cuando se le pregunta por el legado de Colón, Boscán no responde con lugares comunes. Su lectura es más cruda, más realista. «Siempre se habla de legado cuando alguien fenece, pero la vida es una máquina de triturar y desechar. Lo que llamamos legado es para quienes estamos vivos y nos alcanza la onda expansiva de esa frecuencia. En 20 años no sé. Para los que todavía alcanzamos a ser salpicados por esa frecuencia, Willie Colón deja el legado de la clase, la elegancia y el estilo contra la mediocridad del género que sí existe en muchos de sus exponentes.»
Boscán reconoce que el verdadero valor de Colón fue demostrar, durante más de cinco décadas, que el género puede ser otra cosa: elegante, inteligente, capaz de hacer bailar y pensar al mismo tiempo. Capaz de poner una crítica social en la boca de quien la cantaba en las fiestas sin siquiera darse cuenta de lo que estaba diciendo.
Esa es precisamente la función de «Talento de Televisión»: una ironía que hubiera hecho sonreír al propio Colón, que siempre entendió que la mejor manera de decirle la verdad a alguien es ponérsela a bailar.
Amílcar Boscán fue testigo de la vulnerabilidad de Colón, un artista capaz de reconocer el talento ajeno y brindarle una plataforma para amplificar sus mensajes, que ocasionalmente se convirtieron en éxitos. Ese intercambio —invisible para el público— es el verdadero origen de canciones que hoy siguen sonando en fiestas, taxis y playlists.
El cantautor venezolano aún guarda los mensajes que compartió con el neoyorquino a través de Messenger, “son un tesoro”, dice. Y tiene sentido. Ahí está la evidencia de que detrás de cada hit hay una historia de complicidad creativa, de encuentro, confianza y generosidad. Cuando alguien escucha «Talento de Televisión» y sin poder evitarlo empieza a mover los pies, está oyendo también el resultado de una llamada desde Caracas, de un «necesito un hit» que encontró respuesta en el poeta de Maracaibo.
Willie Colón ya no está, pero su música nos sigue tocando. En la semana después de su muerte, su catálogo se tomó nuestro Billboard Colombia Hot 100 posicionando ocho temas entre los más escuchados en el país, destacándose «Talento de Televisión» en el No. 20, “Idilio” en el No. 11, “Oh Qué Será?” en el No. 34 y “Gitana” en el No. 36. Su presencia en el chart demuestra el impacto que su carrera tuvo en múltiples generaciones que, a través de la nostalgia, se encargarán de expandir la frecuencia de su legado por años más.
