Con “Golden Years” y “TVC 15”, Bowie tendió un puente entre el éxito comercial y su etapa más experimental en el influyente álbum
El álbum Station to Station de David Bowie se erige como uno de los discos más intensos y decisivos de los años setenta: no solo por la música que contiene, sino también por las condiciones en las que fue creado. Grabado en Los Ángeles entre finales de septiembre y principios de diciembre de 1975, en Cherokee Studios, el álbum captura a un artista en plena transición radical.
Bowie acababa de dejar atrás el brillo del plastic soul de Young Americans y, al mismo tiempo, estaba mudando de piel para dirigirse hacia la estética más austera y experimental que definiría poco después su etapa berlinesa. Años en que se mudó de Estados Unidos a Alemania, en un intento de alejarse de las adicciones.
El entorno de 24 pistas y disponibilidad permanente de Cherokee también le permitieron trabajar de forma obsesiva e intuitiva. Requisito indispensable durante un período que él mismo describiría más tarde como fragmentado y lleno de lagunas de memoria. Las sesiones fueron coproducidas por Bowie y Harry Maslin, quien ya había colaborado con él en piezas como “Fame”, y aportó una disciplina técnica precisa pero flexible al proyecto.
De este modo, Maslin se convirtió en el principal socio técnico de Bowie, ayudando a transformar largos jamsexploratorios en un álbum coherente que, sin embargo, conservaba su filo crudo. El sonido que lograron fue elegante y peligroso a la vez, una fusión de funk, texturas electrónicas europeas y art-rock dramático que resultaba tan lujosa como inquietante.
En paralelo, Bowie reunió a una banda que se convertiría en el núcleo de su trabajo de finales de los setenta. Carlos Alomar y Earl Slick se encargaron de las guitarras, mientras que la sección rítmica de George Murray en el bajo y Dennis Davis en la batería construyó grooves tan bailables como repulsivos. A su vez, Roy Bittan, procedente de la E Street Band de Bruce Springsteen, añadió un piano de aire cinematográfico que amplió la paleta emocional del disco. Así, el propio intérprete se pudo mover con libertad entre la voz, la guitarra, el saxofón y los teclados. Utilizando con frecuencia el Moog y el Chamberlin para espesar los arreglos y empujarlos hacia territorios poco habituales.
El guitarrista y productor Carlos Alomar, quien fue director musical de David Bowie durante tres décadas, explicó en una entrevista que para Station to Station era necesario hacer algo distinto. Según relató, el equipo tenía claro que no regresaría al soul, por lo que debía volver al rock and roll, aunque no en su forma convencional, ya que el álbum presentaba múltiples facetas sonoras.
Alomar señaló que Bowie le permitió desplegar plenamente su capacidad musical en ese proyecto: trabajó únicamente con la sección rítmica para grabar las pistas básicas, sin otros instrumentos presentes, lo que les daba total libertad creativa. Posteriormente, los demás músicos podían entrar, escuchar esas bases y añadir sus partes en los espacios donde mejor encajaran.
A diferencia de muchos de sus álbumes anteriores, buena parte de Station to Station no llegó al estudio como un conjunto de canciones cerradas. Por el contrario, varias piezas se desarrollaron durante la grabación, construidas a partir de ideas rítmicas, bocetos armónicos y ejecuciones espontáneas. El tema que da título al disco creció hasta convertirse en su forma final de más de diez minutos durante el propio proceso de registro, evolucionando desde un pulso casi mecanizado hacia una amplitud grandiosa y romántica.
Sin embargo, la primera etapa de las sesiones, sin embargo, produjo uno de los mayores éxitos inmediatos del álbum. “Golden Years” fue la primera canción grabada y se completó con rapidez, en unos diez días, antes de publicarse como sencillo en noviembre de 1975, cuando el resto del disco aún estaba en proceso. Su funk pulido y su estribillo expansivo apenas anticipaban la música más oscura e inquieta que la rodearía en el LP terminado, pero sirvió como un puente comercial entre dos épocas de Bowie. El sencillo se lanzó en una versión para radio que logró el No. 8 en el Reino Unido y el puesto No. 10 en el Hot 100 de Billboard.
Poco después, comenzó el trabajo en “TVC 15”, cuya estructura excéntrica y groove dominante también se construyó en gran medida dentro del estudio, reforzando la combinación de accesibilidad pop y narrativa surrealista del álbum. El tema fue editado para su difusión radial y alcanzó el No. 33 en la Gran Bretaña, aunque no tuvo la misma fortuna en Estados Unidos, quedando por fuera del dominante formato Top 40.
En paralelo, Bowie dio vida a The Thin White Duke, personaje y alter ego que apareció en 1976, con la publicación de Station to Station (enero 23 de 1976). Entonces, cada una de las canciones estaba rodeada de su propia identidad: desde el aire ritual y amenazante en “Station to Station” (la canción homónima), pasando por la vulnerabilidad espiritual de “Word on a Wing”, hasta las interpretaciones rítmicas y tensas del funk y R&B estadounidense en “TVC 15” y “Stay”.
Finalmente, el cierre con la versión de “Wild Is the Wind” llevó el álbum a un clímax dramático, casi operístico. En términos comerciales, el LP conquistó el Top 10 en Inglaterra como en el Billboard 200 de Estados Unidos en 1976.
Medio siglo después, visto en perspectiva, Station to Station es el sonido de Bowie detenido en un umbral. Por un lado, mira hacia atrás, al soul y al groove de su etapa estadounidense de mediados de los setenta; por otro, apunta hacia los paisajes fragmentados y electrónicos que pronto exploraría en Europa.

